Era tan bella y frágil que la luna y el sol decidieron esconderla de los ojos de todos. Sin embargo sentía lo que sentíamos todos. Así conoció las estaciones, la primavera era su favorita, pero no podíamos verla ni de noche ni de día.
Unos días atrás, un gato negro me contó que ellos si podían verla, y que ella salía a caminar durante el ocaso y también durante el alba, que es cuando el sol y luna se distraen.
Según el gato negro, ella salía a caminar para ver si alguno de nosotros la miraba, tan bella y tan frágil, tan triste, tan sola, solo quería que alguien pose su mirada en ella y que por un segundo, por lo menos, supiera de su existencia.
Estuve recorriendo mil lugares entre albas y ocasos; ayer me volví a encontrar con el gato negro y le pregunte sobre ella, tan frágil y tan bella, y el me contesto, “Tan bella y tan frágil, se ha ido, camino y camino y ahora se ha ido, tan bella y tan frágil, con su tristeza se ha ido”.
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