La luna se posa cómoda en el cielo, y yo bajo un techo con la vista clavada en quien limpia un vaso y sonríe al que grita su filosofía.
A mi lado hay una chica con sus amigas, y en su mirada se nota que quiere llorar y caer en los brazos de quien ya no la ama mas, pero las risas de sus amigas y el vaso en su mano la obligan a sonreír y a suspirar a escondidas.
Por ahí anda Chester, que cuenta como vive bajo sus propias reglas y como hay que sacarle las vendas de los ojos a la justicia, sin importarle que lo miren y lo escuchen como a un loco.
Me entero que quien limpiaba el vaso se llama Luis, y que nunca eligió hacerlo pero el incendio no solamente quemo su casa, sino que también, termino con el velo que cubría la verdad sobre sus amigos y como si fuera poco, en su anterior trabajo no aceptaron que no tenga casa donde afeitarse.
Sigo mirando a Luis hacer lo que nunca quiso, y pido otro, me doy vuelta, me pongo cómodo y miro a Chester hablar sus verdades y aunque veo a un hombre peleado irremediablemente con la vida, también a un hombre que esta feliz de estar ahí, como yo. Tiene una manera un brusca para explicarse, pero se entiende lo que dice y porque, y por eso siento una suerte de admiración, además de empezar a sentir mi borrachera.
Entran a “casa” unos muchachos, con alegría y sonrisas un tanto envidiables, “Pablito se casa mañana!!!!!!” grita uno de los muchachos, las chicas a mi lado solamente lo miran, Chester, yo y un hombre sentado al fondo levantamos los vasos con sonrisas torcidas le dedicamos un trago al nuevo amigo y al nuevo marido.
Se hace difícil escuchar el silencio por la alegría de los muchachos y los gritos de Chester que les regala botellas y me invita a charlar sobre eso que nosotros estamos tan acostumbrados, y con unos tragos mas me trenzo en charlas con Chester, después de un rato Chester se va y yo vuelvo a mi lugar, el de siempre, ahora la hermosa chica que quería llorar charla por sus ojos con la única amiga que le queda en el bar, mirándola através del vaso, el hombre sentado en el fondo sigue ahí, los muchachos también, y Luis ya no ceca vasos, sino se prepara un trago para el, un golpe fuerte de whisky, sin hielo y de apariencia agresiva le cambia la cara por un segundo y se pone a buscar algo para mirar desde su lugar pero fuera de “casa”.
No me animo a hablar a la bella chica, porque se que no podría ayudarla y que no
busca compañía y una breve y banal charla como yo, en sus ojos se ve que solo quiere a quien ya no la ama. Por eso le pido a Luis que me vuelva a llenar el vaso, y cuando le voy a pagar, me toma del brazo y calidamente me dice “La casa invita campeón”. CAMPEON… en “casa”, solo busco matar el tiempo y unos recuerdos, y me dicen campeón, en “casa”.
El hombre del fondo paga y se va, solamente mira por sobre su hombre para acomodarse el saco, los muchachos después de varios intentos para pararse también se van, lo miro a Luis y se prepara para cerrar, la luz del sol comienza a lucir amenazante, miro a la bella chica, sin mirar a nadie paga y se retira con las pestañas ahogadas en lagrimas retenidas.
Me siento mareado y con un poco de sueño, lo saludo a Luis, y me voy a donde suelo dormir, sabiendo que no pase la noche extraños, sino rodeado de sentimientos e historias, de las cuales mañana me voy a olvidar.
martes, 1 de diciembre de 2009
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